14 de mayo de 2026
Campaña fina 2026/27: clima, nutrición y brechas de rendimiento, las claves que definirán el potencial del trigo
El clima, la fertilidad del suelo y las brechas de rendimiento aparecen como tres variables decisivas para la próxima campaña fina 2026/27. Durante el Congreso A Todo Trigo, especialistas analizaron los escenarios climáticos, alertaron sobre el deterioro nutricional de los suelos y destacaron que la fertilización sigue siendo uno de los factores con mayor impacto sobre la productividad.
Con la campaña fina 2026/27 a punto de comenzar, el análisis de las condiciones climáticas, el estado nutricional de los suelos y las diferencias entre rendimientos potenciales y reales se posicionan como factores estratégicos para la toma de decisiones productivas.
En una nueva edición del Congreso A Todo Trigo, los especialistas Leonardo De Benedictis, José Micheloud y Hernán Sainz Rozas abordaron tres de los principales desafíos que enfrentará el productor durante la próxima campaña de cultivos de invierno.
Clima: señales de un posible escenario más húmedo
El meteorólogo y consultor Leonardo De Benedictis centró su exposición en las perspectivas climáticas para los próximos meses y explicó la importancia de los fenómenos oceánicos que influyen sobre los patrones atmosféricos.
“El comportamiento está relacionado con la temperatura superficial del océano Pacífico. Cuando se calienta hablamos de Niño; cuando se enfría, de Niña. Entre ambos extremos tenemos una fase neutral”, explicó.
Si bien aclaró que el impacto sobre cultivos de invierno no suele ser tan marcado como ocurre en cultivos estivales, remarcó que la evolución de estos indicadores continúa siendo una herramienta importante para anticipar escenarios productivos.
Según indicó, diversos modelos climáticos proyectan temperaturas oceánicas por encima de los valores normales.
“Se están pronosticando temperaturas en el mar muy superiores a los promedios, cerca de tres grados por encima de lo habitual. La energía necesaria para modificar ese volumen de agua es enorme y cuando pasa a la atmósfera puede generar eventos importantes de precipitación o sequía según la región”, sostuvo.
A partir del análisis de un ensamble de veinte modelos climáticos, De Benedictis señaló que junio podría marcar un cambio en la distribución de las precipitaciones, con lluvias que comenzarían a aparecer en sectores cordilleranos y el noreste argentino.
Durante julio esa tendencia podría mantenerse y, hacia agosto, podrían observarse señales más claras asociadas a un evento Niño, impulsando un septiembre con mayor circulación de humedad y una escala más amplia de precipitaciones.
Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de monitorear permanentemente la evolución del escenario.
“Después de tantos años de sequía esto podría ser favorable, pero venimos de un otoño con mucha carga hídrica en varias regiones. Hay que estar atentos porque también pueden potenciarse excesos de precipitaciones”, afirmó.
El deterioro nutricional de los suelos preocupa al sistema productivo
Otro de los ejes centrales estuvo vinculado a la nutrición y fertilidad de los suelos, tema desarrollado por Hernán Sainz Rozas.
El especialista analizó el impacto que tuvo el proceso de intensificación agrícola sobre los indicadores de fertilidad, particularmente en la región pampeana, donde detectó una situación preocupante en los niveles de nitrógeno disponible.
“Cayeron los niveles de mineralización de nitrógeno. Estamos hablando de entre 150 y 160 kilos menos de nitrógeno y atravesamos una situación crítica”, advirtió.
Además del nitrógeno, el especialista señaló que resulta clave monitorear otros nutrientes esenciales como fósforo, azufre y zinc, ya que la falta simultánea de varios elementos puede generar limitaciones productivas adicionales.
“El proceso de agriculturización deterioró propiedades químicas, biológicas y físicas del suelo, reduciendo significativamente la eficiencia en el uso de nutrientes”, explicó.
Como estrategia para revertir este escenario, Sainz Rozas propuso intensificar las secuencias agrícolas con el objetivo de incrementar el retorno de carbono al sistema.
Según indicó, este proceso debe complementarse con un esquema de fertilización racional basado en diagnósticos y recomendaciones técnicas adecuadas.
Fertilización: el factor que más pesa en las brechas productivas
El análisis de las diferencias entre el rendimiento esperado y el realmente alcanzado fue desarrollado por José Micheloud, quien puso el foco en las llamadas brechas de rendimiento.
“Las brechas representan diferencias entre distintos niveles de productividad y están determinadas por factores como lluvias, tipo de suelo, manejo agronómico y características de cada empresa”, explicó.
En promedio, señaló que estas diferencias oscilan entre el 5% y el 20% según el cultivo. En el caso del trigo, la brecha promedio ronda el 15%, aunque algunas regiones del país registran diferencias cercanas al 25%.
Eso puede traducirse en una distancia productiva de entre 400 y 1.100 kilos por hectárea entre lotes de rendimiento medio y alto.
Pero el dato más relevante, según Micheloud, aparece al identificar las causas principales.
“En Argentina la fertilización, principalmente nitrógeno y fósforo, explica más del 80% de la brecha productiva, llegando al 84%. Si se optimiza ese aspecto, existe un enorme potencial para reducir esas diferencias”, concluyó.
