9 de junio de 2026
¿Malezas resistentes o tolerantes? La ciencia redefine un debate clave para el manejo de herbicidas
La diferencia entre resistencia y tolerancia en malezas ya no es tan clara. Nuevas investigaciones revelan mecanismos biológicos complejos que desafían las definiciones tradicionales y obligan a replantear las estrategias de manejo.
Durante años, resistencia y tolerancia fueron conceptos centrales para explicar por qué algunas malezas sobreviven a los herbicidas. Sin embargo, los avances en genética y biología evolutiva están mostrando que los límites entre ambas categorías son cada vez más difusos. En un contexto donde Argentina ya registra 52 biotipos resistentes, los especialistas proponen enfocar la discusión en los procesos biológicos que impulsan la adaptación y en cómo utilizarlos para diseñar estrategias de manejo más eficientes.
A medida que aumentan los casos de malezas difíciles de controlar y la investigación profundiza en los mecanismos genéticos y metabólicos que explican su supervivencia, también crecen los interrogantes sobre si esta división clásica sigue siendo suficiente para describir la realidad.
Un desafío que se multiplica en el campo
Las malezas resistentes se han convertido en uno de los principales problemas productivos de la agricultura argentina. Lo que comenzó hace décadas con algunos casos aislados fue expandiéndose al ritmo de sistemas productivos simplificados y del uso reiterado de un número limitado de herbicidas.
Según datos de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), Argentina registra actualmente 52 biotipos de malezas resistentes, una cifra que refleja la velocidad con la que estos procesos evolutivos pueden desarrollarse cuando la presión de selección se mantiene durante largos períodos.
Sin embargo, mientras los casos aumentan, surge una pregunta cada vez más frecuente entre investigadores y técnicos: ¿seguimos entendiendo correctamente qué significa que una maleza sea resistente?
Cuando la biología complica las definiciones
Las definiciones tradicionales establecen que la resistencia surge a partir de un proceso de selección. Dentro de una población existen individuos con mutaciones que les permiten sobrevivir a la acción de un herbicida. Con aplicaciones sucesivas del mismo principio activo, esos individuos son favorecidos y terminan predominando en la población.
La tolerancia, por su parte, se atribuye a especies que presentan naturalmente una baja sensibilidad a determinado herbicida, sin haber atravesado previamente un proceso de selección.
Sobre el papel, la diferencia parece sencilla. El problema aparece cuando la biología ofrece escenarios mucho más complejos.
Por ejemplo, una población puede incorporar genes de resistencia provenientes de otra mediante flujo génico. Aunque nunca haya estado expuesta al herbicida, puede comportarse exactamente igual que una población resistente. En esos casos, la clasificación deja de ser evidente: ¿es tolerante porque no fue seleccionada localmente o resistente porque porta genes seleccionados en otro lugar?
Las zonas grises de la evolución
Los avances en genética de poblaciones, mecanismos metabólicos y biología evolutiva están mostrando que resistencia y tolerancia muchas veces no funcionan como categorías opuestas, sino como extremos de un mismo continuo biológico.
Algunos especialistas incluso señalan que gran parte de la literatura científica utiliza ambos conceptos para describir distintos niveles de sensibilidad a los herbicidas, sin una separación estricta entre ellos.
La complejidad aumenta en aquellas especies donde la resistencia está tan difundida que prácticamente ya no existen poblaciones susceptibles para realizar comparaciones. En esos casos, uno de los pilares históricos sobre los que se construyó la definición de resistencia comienza a perder fuerza.
Más allá de una cuestión semántica
A primera vista, podría parecer una discusión académica. Sin embargo, detrás de este debate existe un cambio profundo en la forma de entender la adaptación de las malezas.
Durante años, la resistencia fue considerada un fenómeno excepcional asociado a mutaciones puntuales. Hoy, la mirada científica la interpreta como un proceso evolutivo dinámico, impulsado por la presión de selección, el intercambio genético y una amplia diversidad de mecanismos biológicos.
Desde esta perspectiva, el foco ya no está únicamente en determinar si una maleza es resistente o tolerante, sino en comprender cómo evolucionan las poblaciones y cuáles son los factores que favorecen esa adaptación.
Comprender para anticiparse
Aunque la diferenciación entre resistencia y tolerancia continúa siendo útil para ordenar y comunicar la problemática desde una visión agronómica, el escenario actual exige ir más allá de las definiciones.
Frente al avance de las resistencias múltiples y la aparición de mecanismos de supervivencia cada vez más sofisticados, el verdadero desafío consiste en comprender los procesos biológicos que permiten a las malezas adaptarse y persistir.
Solo a partir de ese conocimiento será posible diseñar estrategias de manejo más eficientes, sostenibles y capaces de anticiparse a uno de los problemas más complejos que enfrenta hoy la agricultura moderna.
