16 de septiembre de 2026
Maíz, sorgo, soja y maní: cómo responden al clima
Un estudio del INTA San Luis comparó maíz, sorgo, soja y maní en ambientes con distinta disponibilidad de agua y encontró diferencias marcadas en estabilidad y sensibilidad de los rendimientos.
La variabilidad climática y la disponibilidad de agua se convirtieron en factores determinantes para la estabilidad de los sistemas agrícolas. Frente a este escenario, especialistas del INTA San Luis analizaron durante dos campañas el comportamiento del maíz, sorgo, soja y maní en regiones con diferentes condiciones ambientales.
El estudio se realizó durante las campañas 2016/17 y 2017/18, con dos fechas de siembra —temprana y tardía— y en tres regiones del centro de la Argentina: húmeda, subhúmeda y semiárida.
El objetivo fue determinar cómo cada cultivo construye su rendimiento frente a distintos niveles de disponibilidad hídrica y radiación, aportando información para ajustar las decisiones de manejo.
La aridez reduce el rendimiento
De acuerdo con los resultados de la investigación, el rendimiento en grano disminuye a medida que aumenta la aridez y cae la disponibilidad de agua.
Los investigadores evaluaron variables como rendimiento, biomasa aérea, índice de cosecha, número de granos y peso individual, relacionándolas con la oferta hídrica y radiativa de cada ambiente.
En la mayoría de las especies estudiadas, la biomasa aérea fue el principal factor asociado con las diferencias observadas en los rendimientos.
Esto significa que la capacidad del cultivo para generar materia seca durante su ciclo tiene una relación importante con la producción final de granos, aunque la respuesta varía según la especie y las condiciones ambientales.
Sorgo, el cultivo que mostró mayor estabilidad
Entre los cuatro cultivos analizados, el sorgo presentó la mayor estabilidad del rendimiento frente a ambientes contrastantes.
Según Maximiliano Riglos, investigador del Grupo de Producción Agrícola de INTA San Luis, esa respuesta está relacionada con la adaptación del cultivo a situaciones de alta demanda evaporativa y baja disponibilidad de agua.
Sin embargo, la mayor estabilidad no implicó necesariamente una mayor productividad. En términos generales, el rendimiento del sorgo se ubicó por debajo del registrado por el maíz en la comparación realizada.
El maní fue el más sensible a los ambientes
El comportamiento del maní mostró una respuesta diferente. El cultivo presentó la mayor sensibilidad ambiental entre las especies evaluadas.
Las pérdidas de rendimiento aparecieron tanto bajo condiciones de aridez extrema durante el período crítico como frente a situaciones de exceso de agua o bajas temperaturas durante el llenado de los granos.
El resultado evidencia que no existe una única estrategia productiva válida para todos los cultivos frente a escenarios climáticos variables.
Fecha de siembra y elección del cultivo, claves para reducir riesgos
La investigación destaca la importancia de adaptar las prácticas agronómicas a las características de cada ambiente.
Las distintas especies utilizan estrategias diferentes para generar rendimiento bajo condiciones de estrés, por lo que la elección del cultivo y el momento de implantación pueden modificar la exposición a situaciones desfavorables.
En sistemas de secano, donde el agua disponible depende principalmente de las precipitaciones y de la capacidad del suelo para almacenarla, conocer la respuesta de cada especie permite ajustar la oferta de recursos a la demanda del cultivo.
El trabajo del INTA aporta así elementos para avanzar hacia un manejo más preciso de las fechas de siembra y la elección de especies, con el objetivo de reducir la variabilidad de los rendimientos frente a escenarios de mayor incertidumbre climática.